San Juan, Argentina.

¿Que tienen los abuelos en los cajones?
Vida.

Al llegar a casa de mis abuelos, me ponían una silla con la que podía alcanzar todos los armarios y cajones a los que no llegaba. Lo registraba todo.
Sacaba todas las cosas que había dentro, y preguntaba una por una de donde había salido… Quería saber su historia. La vida que habían tenido esos objetos.

Allí, en esos cajones de la habitación de Mari y Ernesto encontré el tiempo.
Dos relojes.
Relojes que dejaron de funcionar hace algunos años y lo volvieron a hacer al haberme encontrado a mi.
Tienen una vida breve. Funcionan con el pulso. Uno de los signos vitales.
Y si algún día la vida se para, el reloj también lo hace.

Sabéis que siempre llevo reloj. No por casualidad ni por moda, sino por el afecto que les tengo, y por el afecto que tenía mi abuelo hacia ellos.
No hacía falta que fueran buenos, sino que le gustaran.

Yo no se si en algún momento mi abuelo pensó que yo acabaría heredando sus relojes, pero estoy segura de que me inspiró a dejarles los míos propios a aquellos que formen parte de mi vida.

En el post de hoy no podía faltar un reloj de Daniel Wellington.Un bolso de Parfois que se ha convertido en un básico y algunas prendas de segunda mano.
Algún día hablaremos de las prendas que han sido de otras personas.

Hoy además de contaros esta pequeña historia personal, tengo un regalito para vosotros :).
Un 15% de descuento para comprar online en la página de Daniel Wellington hasta el 10 de mayo.
Solo introducís el código ‘notstranger‘ y listo.

¡Besos!

 

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